lunes, 28 de septiembre de 2009

Mike Amigorena, un freak en las revistas del corazón

El término freak (pronúnciese “fric”) ha trascendido el inglés y se usa también en español. Con él se designa a los “fenómenos”, a las personas que salen de la media y tienden a lo “monstruoso”. Muchos sabrán de aquella película de Tod Browning, el director del Drácula de los años ’30, llamada precisamente Freaks y que contaba una historia de personas con anomalías no sólo físicas.

A pesar de la supuesta peculiaridad, freaks los hay y a montones en la TV argentina, pero por lo general son personajes laterales. Sin embargo, el actor más popular del momento es curiosamente todo un freak. Y, para más inri, es mendocino. Se llama Mike Amigorena y desde su nombre, que combina un diminutivo inglés con un apellido de raigambre mendocina, ya se anuncia como impar.

Mike tiene una carrera nada desdeñable (papeles en tiras, elogiadísimo protagonista de la obra El niño argentino y hasta uno de los elegidos por Coppola para su cinta Tetro), pero para media Argentina es Martín Pells, personaje de una serie de éxito que concluyó en julio.

Aun así, no encaja en los moldes y no es ni un galán, ni un comediante estándar, ni nada por el estilo. Es más, no conforme con el descomunal éxito de un personaje, el de Pells, que parecía tallado sobre su cuerpo, el maipucino grita a los cuatro vientos que su mayor pasión no está allí, sino en Ambulancia, su grupo de música. Como cantante de la banda, Amigorena sale a escena haciendo gestos amanerados, vestido con faldas, uñas pintadas, maquillaje glam y poses de drag queen. “ ¡Horror!”, exclaman señoras y señores que ven al actor simpático de la tira diaria convertido en un David Bowie vernáculo.


Por amor a Poy
Con todas esas señas particulares, pocos presagiarían que “el Michael” (así le decían en la escuela) iba a ser centro de interés de las revistas del corazón y los programas de chimentos. ¿Qué les puede interesar a riales y venturas un tipo tan inclasificable? Sin embargo, y por la misma puerta de su propia rareza, ha terminado siendo uno más de estos personajes mediáticos cuya vida privada se pone en escena como si fuese un producto de ficción.

Y es que Mike no tuvo mejor idea que “confesar” su amor imposible por una tal Poy. No era un mote más, sino que se supo (mediante sagaces pesquisas de archivo) que era el usado familiarmente nada menos que por su compañera de cartel en Los Pells, Carla Peterson. Reconozcámoslo: la historia era una bomba. Y aunque Amigorena es freak a tiempo completo, la confesión le explotó en la cara y acabó como presa de los paparazis. Lo llamaron de todos lados y se lo preguntó la señora Mirtha cuando se sentó a su mesa. Entre sus “sí pero no”, Amigorena dijo que algo de cierto había en esa declaración juguetona. Y reconoció también que, así como se lo veía, aún conservaba “cierta inocencia” (¡sí que es freak!), que lo llevó a decir lo dicho, declarar lo declarado, nombrar a “ Poy” y cavar su trampa mediática.

Ahora tenemos a un Mike diferente, triste es decirlo. No ha perdido su virtud intuitiva que lo hace un intérprete lleno de matices, pero ahora cargará con ser un freak que perdió su rareza al ser pasto de los programas de chimentos, y todo por un “gesto de inocencia”. Consolémonos sabiendo que Mike tiene talento de sobra como para no ser sólo “el chico enamorado de su colega”. Pero sepamos que ha mostrado que ahora los freaks también pueden entrar a la picadora de carne de la farándula. Ahora Mike es menos freak. Ahora es menos inocente.

Fernando G. Toledo

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